La cámara se abre después de un tiempo imposible de medir. No libera humo ni materia visible: sólo una corriente de aire frío y seco. Durante unos segundos el espacio parece vacío.
Después aparecen sus superficies. El interior es negro y reflejante; no sabemos si es vidrio volcánico, cerámica o un material técnico que sobrevivió a la estructura que lo produjo.
Entonces el sistema responde. No hay combustión: el cambio ocurre como temperatura. La sequedad mineral empieza a irradiar y despierta una presencia eléctrica que había permanecido latente.
Queda un campo limpio de madera, metal y mineral tibio.
