Primero existe un cuerpo: piel seca, temperatura, una proximidad casi mineral. El aire se enfría y la respiración se hace más amplia.
En ese intervalo aparece la materia vegetal: resina verde, tallo, salvia seca. Debajo, humedad de suelo, raíz y una señal fúngica que nunca llega a convertirse en hongo.
El desfase no es una nota. Es el instante en que lo que olías parece haber cambiado de lugar. Lo húmedo se vuelve presión, lo vegetal se vuelve electricidad, la piel se vuelve presencia.
La ascensión no abandona el cuerpo. Vuelve poroso su límite.
